Vigilantes en las redes suplen a la prensa que, por amenazas o censura, no hablan de violencia

Ciudad de México, .– En 2006, la violencia se acentuó a partir de la estrategia de seguridad impuesta por el entonces el Presidente de México, el panista Felipe Calderón Hinojosa. Los cárteles, las fuerzas federales y locales se enfrascaron en una lucha encarnizada que año tras año ha dejado decenas de miles de muertos.

Pero también, inmersos en esa guerra, los ciudadanos, vulnerables y hartos de la amenaza constante de las balas y la censura a los medios de comunicación, se organizaron a través de las redes sociales para advertirse sobre situaciones de peligro y así no convertirse un “daño colateral” más ante las autoridades.

En el 2012, un colectivo llamado “Valor por Tamaulipas” concretó una de las primeras iniciativas ciudadanas orientada a la prevención y la denuncia de situaciones de violencia. Hoy, esa estrategia se ha expandido en la Red aunque el componente local, que es uno de sus rasgos más representativos, se ha adaptado a diferentes entornos.

A través de hashtags como #ReynosaFollow y de claves que han surgido del reporte cotidiano de situaciones de riesgo, los ciudadanos de poblaciones con alta presencia del crimen organizado, como Reynosa y Matamoros en Tamaulipas, Orizaba en Veracruz, Acapulco en Guerrero, Monterrey en Nuevo León y otras más conforman comunidades anónimas donde a diario trasciende la alerta de balaceras, agresiones, persecuciones, y otras amenazas que tienen lugar en las calles.

Con el paso del tiempo estos colectivos se han fortalecido a partir de ensayo y error. De estas experiencias han aprendido a emplear las redes sociales a su favor de manera que un administrador se encarga de recibir y publicar los reportes desde una cuenta que concentra cientos de alertas y denuncias provenientes de diferentes usuarios.

En estas colectividades, el recurso del anonimato, característico de Facebook y Twitter, se asocia al libre ejercicio de la denuncia que cuando se realiza de manera off-line, en contextos cooptados por la delincuencia organizada, implica un alto riesgo para ciudadanos, periodistas, activistas e incluso para las autoridades locales.

De acuerdo con Artículo 19 en su informe “Libertades en Resistencia” publicado en el 2017, el reporte de situaciones de riesgo en Tamaulipas se consolidó como un mecanismo que la ciudadanía adoptó para suplir la labor de los medios de comunicación, en una entidad con altos niveles de censura.

#ReynosaFollow dio origen a un conjunto de códigos que ahora circulan en la red y solo quienes participan en la dinámica los identifican: #RCR (Reporte Código Rojo), #SDR (situaciones de Riesgo), #PSDR (posible Situación de Riesgo), #GA (gente armada), #CO (crimen organizado), etc., que ahora se emplean en otras regiones y de manera indistinta en Twitter y Facebook, aunque es en la primera donde la iniciativa presenta más actividad.

A medida que la violencia de los cárteles se extendió en otros estados del país, los hashtags comenzaron a ser empleados en otras entidades, entre ellas Veracruz (#VerFollow), Guerrero (#AcaFollow) y Nuevo León (#NLFollow). En tanto que Valor por Tamaulipas, ha sido tomada como ejemplo para cientos de páginas que se mantienen activas en Facebook con diversos alcances. Desde Valor por Veracruz, con 30 mil seguidores, hasta páginas de localidades pequeñas como “Valor por Quinceo” con mil 200 usuarios que le siguen.

Manuel Espartaco López Sáenz, especialista en redes digitales, apunta que los colectivos que difunden este tipo de información han resultado exitosos por la capacidad que poseen las plataformas digitales para extender y viralizar la actividad con más facilidad que en el espacio físico.

No obstante, el contexto violento de Tamaulipas no sólo ha detonado la práctica, también contribuye a que los reportes se mantengan vigentes en las redes sociales.

Según el especialista, la persistencia de las balaceras, persecuciones y otras agresiones, en ciudades como Nuevo Laredo y Matamoros, motiva a los ciudadanos a asumir parte del peligro ineludible que trae el participar en estas estrategias preventivas.

“’La balacera, la muerte del vecino, del familiar, ¿qué otro miedo puedo tener si de todos modos corro riesgo de muerte?’, dice la sociedad tamaulipense. Ante este clima de angustia y violencia buscan las alternativas utilizando recursos tecnológicos que se vuelven un arma más poderosa que las armas del Ejército y la policía Federal”, afirma el especialista.

El doctor Jesús Pérez Caballero, catedrático del Colegio de la Frontera Norte (Colef), considera que la trascendencia de esta alertas es un signo de que las personas intentan comprender el contexto de violencia en el que viven ante el silencio oficial.

Apunta que hay una deficiente reacción de las autoridades para revertir la violencia y que uno de los principales obstáculos es la ausencia de protocolos para investigar a los grupos organizados y los hechos violentos, para los que no tienen si quiere una terminología concensuada.

“No tienen ni un modo de llamarlos, no tienen categorías que nos permitan entender el modo de organizarse [de los grupos delincuenciales]. Hay una opacidad extrema y no se quiere compartir nada, pero yo creo que más bien es pobre la manera en que se pregunta sobre este tema”, sostiene el investigador.

Ante un proceso de pacificación lejano, los ciudadanos vulnerables y forzados a convivir con el crimen organizado construyen una interpretación propia de la problemática e incorporan rasgos culturales que provienen del contexto violento permeado por el crimen organizado, explica Pérez Caballero. Ejemplifica que hay “discurso deshumanizador” en la comunicación que deriva de las estas estrategias de prevención, que carece de interés por reconciliarse con los integrantes de los grupos de delincuencia organizada, a pesar de que estas personas también pertenecen a las comunidades, lo que hace del proceso reconciliatorio un objetivo lejano.

En medio de la inoperancia y la incapacidad de las autoridades para neutralizar la violencia en estas regiones, la participación de la ciudadanía en las redes sociales tiene una implicación social que va más allá de la apropiación de recursos tecnológicos y la organización en Twitter y Facebook. López Sáenz sostiene que en la iniciativa de advertir sobre el riesgo se encuentra implicado un proceso de empoderamiento social donde tienen lugar prácticas de autonomía y emancipación, a la vez que la activación de los hashtags #VerFollow, #ReynosaFollow y otros similares configuran ciberterritorios.

Dentro de estos espacios digitales, sostiene, “la denuncia, la organización, el empoderamiento, la gestión y el ejercicio del poder” vencen la “verticalidad tradicional” en las relaciones entre la sociedad, las instituciones y el Estado y se constituyen como “escenarios horizontales” a pesar del clima de inseguridad que mantiene como un riesgo constante a los usuarios participantes de ser víctimas de agresiones.

De acuerdo con el informe de Artículo 19 “Libertades en resistencia”, los reportes ciudadanos comenzaron a informar sobre “situaciones de riesgo” a partir de que la censura en los medios de comunicación se elevó a niveles en los que ya no les fue posible llevar a cabo su labor informativa.

“La consecuencia del silencio en medios produjo que ciudadanos y ciudadanas anónimas se organizaran para que la información fluyera”, apuntó la ONG.

#ReynosaFollow se ha empleado en los últimos ocho años en Tamaulipas y con el paso de los años se extendió a otras ciudades. En el caso de Tamaulipas localidades como Ciudad Victoria (#VictoriaFollow), y Matamoros (#MatamorosFollow) crearon sus propias redes de reportes.

La etiqueta que incluye el nombre de una ciudada más el término “follow” (seguir) se extendió a otros estados, entre ellos Veracruz donde las etiquetas #verfollow para Veracruz, #xalfollow para Xalapa, #cordobafollow para Córdoba, #orizabafollow para Orizaba, y otras más se emplean como último recurso de la población para mantenerse informado y realizar denuncias anónimas. La misma dinámica se lleva a cabo en ciudades como Acapulco, Guerrero con el hashtag #AcaFollow.

No en todos los casos la etiqueta ha logrado constituirse como una herramienta de prevención del riesgo. En ciudades como Tampico y Guadalajara los hahstags #TampicoFollow y #GDLFollow diversificaron sus contenidos hasta el punto de emplearse con fines comerciales.

Sin embargo, la fuente de la información no siempre es civil. Artículo 19 publicó en su informe acerca de la supuesta filtración de información que fluye entre las cuentas que suben información sobre “situaciones de riesgo” y que en algunos casos proviene de fuentes oficiales.

“‘Hay una página’, señala otra persona entrevistada, ‘que se llama Época Violenta, que ayer la tumbaron, no sé si sea el gobierno o quién, pero ahí sale información, que generalmente no se puede publicar en los medios de manera anónima, incluso con fotos. Son filtraciones del ejército casi siempre’”, ilustra el documento.

EL COSTO, LA VIDA

Los usuarios que recurren a las redes sociales para denunciar a estos grupos delincuenciales no han logrado hacer del anonimato una herramienta infalible, por el contrario, es un arma de doble filo al que también recurren agresores para realizar amenazas o intimidar a sus víctimas. Vladimir Cortés, coordinador de derechos digitales de Artículo 19, señala que las redes sociales como Twitter tienen pocos recursos para identificar a los usuarios, lo que complica dar con los autores de agresiones.

Los primeros casos de asesinatos de tuiteros tuvieron lugar en el año 2011. Sin embargo, Cortés indicó que fue hasta el 2015 cuando las agresiones a usuarios de redes sociales comenzaron a ser identificadas y documentadas por organismos internacionales como Artículo 19. A esto se suma que no existe un mecanismo bien cimentado para dar seguimiento a las amenazas y agresiones que derivan de la actividad en las redes sociales y donde los vacíos legales y los mecanismos legales aún representan un obstáculo.

El colectivo “Valor por Tamaulipas” cimbró también al crimen organizado, que al sentirse vigilado, comenzó a ofrecer recompensas por información sobre la identidad de los administradores para intentar frenar la iniciativa.

En 2011, la periodista Elizabeth Macías Castro fue asesinada y con este crimen se elevó a 24 el número de comunicadores asesinados en Tamaulipas entre entre el año 2000 y el 2011, de acuerdo con Artículo 19.

Macías se desempeñaba como jefa de redacción del periódico Primera Hora, pero a su vez administraba las redes sociales del portal digital Nuevo Laredo en vivo, página a la que sus lectores recurrían para denunciar hechos delictivos relacionados con el crimen organizado.

A las 19:45 horas del sábado 24 de septiembre, el cuerpo de la periodista fue encontrado con huellas de tortura y un cartel que señalaba:

“Ok Nuevo Laredo en Vivo y redes sociales, yo soy la nena de Laredo y aquí estoy por mis reportes y los suyos…(sic)”.

Ese mismo mes fueron asesinados otros dos tuiteros. La noche del 13 de septiembre fueron torturados y sus cuerpos colgados de un puente en Nuevo Laredo en donde también fue colocado un cartel con el mensaje: “Esto les va a pasar a todos los relajes del Internet, pónganse vergas ya los traigo en corto, atte Z (sic)”.

En tanto la violencia continuaba su escalada sin tregua, el 1 de enero del 2012 dio inicio el proyecto Valor Por Tamaulipas, que publicaba alertas anónimas a la población sobre puntos rojos, tiroteos y demás actividades violentas del crimen organizado.

Con la transición al Gobierno de Enrique Peña Nieto, la crisis de inseguridad continuó.En 2013 un cartel ofreció 600 mil pesos a quien proporcionaran información sobre el administrador de la página Valor por Tamaulipas.

En 2014 la colaboradora María del Rosario Fuentes Rubio fue asesinada tras recibir amenazas de muerte desde una cuenta de Twitter. Su caso consternó a la población debido a que tras el homicidio, sus victimarios ingresaron a la cuenta @Miut3, desde la que realizaba sus reportes y publicaron fotografías de su cadáver junto a la leyenda:

“Amigos y Familiares mi nombre es María del Rosario Fuentes Rubio, soy doctora hoy que mi vida ha llegado a su fin no me queda más que decirles que no cometan el mismo error que yo, no se gana nada, al contrario hoy me he dado cuenta que encontré la muerte a cambio de nada”.

A través de la cuenta @Miut3 María del Rosario usaba el hashtag #ReynosaFollow para alertar y denunciar al cártel que operaba en su localidad. Esta etiqueta comenzó a ser empleada por cientos de usuarios a partir del 2010.

Después de los asesinatos ocurridos entre el 2011 y 2014 de al menos cuatro usuarios de redes sociales, las cuentas, los reportes y los medios de difusión se diversificaron. Tras el asesinato de María del Rosario Fuentes Rubio, ex colaboradora de la página Valor por Tamaulipas, el portal ganó visibilidad y decenas de páginas apócrifas tanto en Twitter como en Facebook comenzaron a surgir.

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